Los riñones cumplen funciones esenciales para el cuerpo humano, como eliminar desechos, regular los niveles de líquidos y controlar la presión arterial. Cuando su funcionamiento se ve afectado, la atención especializada de un nefrólogo resulta indispensable. Sin embargo, dentro de la nefrología existen diferentes ramas, entre ellas la clínica y la pediátrica. Aunque ambos especialistas comparten una formación médica similar, se diferencian en los grupos de edad que atienden, las enfermedades que tratan y los enfoques terapéuticos que aplican. Comprender estas diferencias permite identificar al especialista adecuado para cada caso y garantizar una atención médica precisa y personalizada.
¿Qué hace un nefrólogo clínico?
El nefrólogo clínico es el especialista encargado del diagnóstico, tratamiento y seguimiento de enfermedades renales en adultos. Su formación incluye medicina interna y una especialidad en nefrología, lo que le permite abordar trastornos del sistema renal desde una perspectiva integral. Este profesional analiza el funcionamiento de los riñones, la presión arterial, los niveles de electrolitos y las alteraciones metabólicas asociadas. Entre las principales enfermedades que atiende un médico nefrólogo clínico se encuentran:
- Insuficiencia renal crónica y aguda: pérdida parcial o total de la función renal.
- Nefropatía diabética: daño renal causado por niveles altos de glucosa en sangre.
- Hipertensión arterial secundaria a daño renal: cuando los riñones dejan de regular la presión adecuadamente.
- Glomerulonefritis y síndrome nefrótico: inflamaciones o alteraciones en los glomérulos, los filtros naturales del riñón.
- Litiasis renal o cálculos: acumulación de minerales que forman piedras dentro del riñón o las vías urinarias.
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Alteraciones electrolíticas: desequilibrios de sodio, potasio, calcio o fósforo.
El nefrólogo clínico también participa en la atención de pacientes que requieren diálisis o trasplante renal, evaluando su evolución y adaptando el tratamiento según el progreso de la enfermedad. Además, desempeña un papel crucial en la prevención, orientando a los pacientes con factores de riesgo como diabetes, obesidad o hipertensión sobre cómo proteger su función renal a largo plazo.
¿Qué hace un nefrólogo pediátrico?
El nefrólogo pediátrico es el médico especializado en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades renales en recién nacidos, niños y adolescentes. Su enfoque se basa en la comprensión de las particularidades del sistema renal infantil, que se encuentra en desarrollo y responde de forma distinta a los tratamientos aplicados en adultos. Este especialista combina conocimientos de pediatría con nefrología para abordar problemas congénitos, genéticos o adquiridos que afectan a los riñones de los más pequeños.
Entre las enfermedades más comunes tratadas por un nefrólogo pediátrico se encuentran:
- Malformaciones renales o del tracto urinario: como riñones poliquísticos, reflujo vesicoureteral o estenosis.
- Infecciones urinarias recurrentes: que pueden dañar el tejido renal si no se tratan adecuadamente.
- Síndrome nefrótico infantil: pérdida de proteínas a través de la orina que provoca hinchazón generalizada.
- Glomerulonefritis postinfecciosa: inflamación renal que suele presentarse después de infecciones respiratorias o de garganta.
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Hipertensión arterial en la infancia: relacionada con causas renales o hereditarias.
El especialista en nefrología pediátrica también supervisa el crecimiento y desarrollo de los niños con enfermedades renales crónicas, ajustando tratamientos farmacológicos y dietéticos según su edad y etapa de madurez. En casos más graves, coordina terapias sustitutivas como diálisis pediátrica o trasplante renal infantil.
Diferencias principales entre el nefrólogo clínico y el nefrólogo pediátrico
Aunque ambos profesionales son expertos en el sistema renal, existen diferencias claras en su campo de acción:
- Grupo etario que atienden: el nefrólogo clínico trata a adultos y personas mayores, mientras que el nefrólogo pediátrico atiende a pacientes desde recién nacidos hasta adolescentes.
- Causas de las enfermedades: en adultos predominan los factores adquiridos como la diabetes o la hipertensión; en los niños, los problemas renales suelen ser congénitos o genéticos.
- Enfoque diagnóstico: el especialista en adultos se centra en pruebas bioquímicas y de función renal, mientras que el pediátrico realiza evaluaciones anatómicas y de desarrollo renal.
- Tratamientos y medicamentos: los niños requieren dosis ajustadas y terapias adaptadas a su peso y madurez metabólica, algo que un nefrólogo pediátrico domina con precisión.
- Seguimiento y evolución: en la nefrología pediátrica, el tratamiento busca garantizar un desarrollo normal y prevenir complicaciones a largo plazo; en adultos, el objetivo es estabilizar la función renal y controlar enfermedades crónicas.
Importancia de acudir al nefrólogo adecuado
Elegir entre un nefrólogo clínico y un nefrólogo pediátrico depende directamente de la edad del paciente y la naturaleza del problema renal. En adultos, los síntomas más comunes que justifican la consulta incluyen hinchazón, presión arterial alta, cambios en la orina o fatiga persistente. En los niños, los padres deben estar atentos a signos como infecciones urinarias frecuentes, crecimiento lento, edemas o dificultad para orinar. En ambos casos, el diagnóstico temprano es clave para evitar complicaciones graves.
Cómo se complementan ambas especialidades
Aunque sus enfoques son distintos, la colaboración entre ambos tipos de nefrólogos es frecuente en hospitales y centros especializados. Un nefrólogo pediátrico puede derivar a su paciente a un nefrólogo clínico cuando alcanza la edad adulta, garantizando la continuidad del tratamiento y la adaptación a nuevas necesidades médicas. Este trabajo conjunto permite mantener una atención integral, especialmente en casos de enfermedades crónicas o hereditarias que acompañan al paciente a lo largo de su vida.
Avances en la nefrología moderna
Tanto el nefrólogo clínico como el nefrólogo pediátrico se benefician de los avances tecnológicos y científicos que permiten diagnósticos más precisos y tratamientos menos invasivos. Hoy en día, pruebas como la estimación de la tasa de filtrado glomerular (TFG), los estudios genéticos y las imágenes de alta resolución facilitan la detección temprana de alteraciones renales. Además, la investigación en terapias celulares y trasplantes ha mejorado significativamente la calidad de vida de los pacientes con enfermedades renales crónicas, sin importar su edad.
El papel del paciente y la familia en el cuidado renal
Tanto en adultos como en niños, el éxito del tratamiento depende en gran medida del compromiso del paciente y de su entorno. En el caso de los menores, la participación activa de los padres o cuidadores es fundamental para seguir las indicaciones del nefrólogo pediátrico, especialmente en lo que respecta a medicamentos, alimentación y controles médicos. En los adultos, mantener hábitos saludables, evitar el consumo excesivo de sal y alcohol, y acudir periódicamente al nefrólogo clínico son medidas esenciales para prevenir el deterioro de la función renal.
Un mismo objetivo: proteger la salud de los riñones
A pesar de las diferencias entre sus áreas de atención, ambos especialistas comparten el mismo propósito: preservar la función renal y mejorar la calidad de vida de los pacientes. La nefrología, tanto clínica como pediátrica, desempeña un papel crucial en la medicina moderna, ayudando a prevenir enfermedades silenciosas que, sin tratamiento, pueden tener consecuencias irreversibles. Consultar al nefrólogo adecuado según la edad y condición del paciente es el primer paso para garantizar un manejo eficaz y una atención médica especializada.


El oncólogo en Puebla cursa primero la carrera de medicina general y luego hace la residencia en oncología médica, cirugía oncológica o radioterapia oncológica. Su formación profundiza en el estudio de tumores sólidos, protocolos de quimioterapia, manejo de radiación y técnicas quirúrgicas específicas para extirpar o controlar neoplasias en distintos órganos.
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