La obesidad severa no solo implica un aumento importante de peso, sino una enfermedad crónica compleja que afecta múltiples órganos y aumenta de forma considerable el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño, algunos tipos de cáncer y problemas articulares. La llamada obesidad clase III se define, de forma general, por un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 40 kg/m², y se asocia con una reducción significativa de la esperanza de vida si no se interviene de manera adecuada.
Cuando los cambios en la alimentación, el ejercicio y los fármacos no logran un control suficiente del peso y de las enfermedades asociadas, la cirugía bariátrica aparece como una alternativa terapéutica eficaz para personas con obesidad severa. Hoy se considera una herramienta de tratamiento metabólico, no solo un procedimiento estético o restrictivo.
¿Qué es la cirugía bariátrica y en qué casos se indica?
La cirugía bariátrica o cirugía metabólica engloba un conjunto de procedimientos que buscan reducir el peso corporal y mejorar enfermedades relacionadas con la obesidad mediante cambios anatómicos en el aparato digestivo. Estos cambios pueden reducir la capacidad del estómago, modificar la absorción de nutrientes o combinar ambos mecanismos.
Tradicionalmente, las guías indicaban la cirugía para pacientes con IMC ≥40 kg/m², o IMC ≥35 kg/m² cuando existían comorbilidades importantes como diabetes tipo 2, hipertensión o apnea del sueño. Sin embargo, las recomendaciones más recientes de la American Society for Metabolic and Bariatric Surgery (ASMBS) y la International Federation for the Surgery of Obesity señalan que la cirugía metabólica y bariátrica puede recomendarse a partir de un IMC de 35 kg/m², independientemente de la gravedad de las enfermedades asociadas, e incluso considerarse desde IMC 30–34.9 kg/m² en presencia de enfermedad metabólica.
En términos prácticos, la cirugía bariátrica como opción para pacientes con obesidad severa se plantea cuando:
- El paciente tiene obesidad clase II o III con enfermedades asociadas que no se controlan adecuadamente con tratamientos convencionales.
- Existe una historia de intentos fallidos de pérdida de peso con dieta, ejercicio y medicamentos.
- El equipo médico considera que la intervención puede ofrecer un beneficio claro frente a los riesgos.
Beneficios de la cirugía bariátrica en la obesidad severa
Los beneficios de los procedimientos bariátricos no se limitan a la reducción de kilos en la báscula. La evidencia científica muestra que estas cirugías logran una pérdida de peso más intensa y sostenida en el tiempo que la mayoría de las alternativas médicas, lo que se traduce en mejoría significativa de enfermedades asociadas.
Diversos estudios han demostrado que la cirugía bariátrica puede inducir remisión completa o parcial de la diabetes tipo 2, mejorando el control glucémico incluso por encima de lo que se observa con el mejor tratamiento médico disponible. Además, se ha observado una disminución del riesgo de desarrollar nuevas comorbilidades metabólicas en comparación con pacientes que siguen únicamente programas médicos de manejo del peso.
En el ámbito cardiovascular, la cirugía metabólica puede reducir el riesgo estimado de enfermedad cardiovascular mayor (infarto, insuficiencia cardiaca, etc.) entre un 47 % y un 56 % en los primeros dos años posteriores al procedimiento. También se han reportado mejoras en la presión arterial, el perfil de lípidos y la apnea del sueño, así como una reducción en la necesidad de medicamentos.
A esto se suma una mejoría en la calidad de vida: mayor movilidad, capacidad para realizar actividades cotidianas, disminución del dolor articular y, con frecuencia, mejor estado emocional y social.
Principales tipos de cirugía bariátrica
Dentro de las opciones de tratamiento quirúrgico para la obesidad severa destacan varios tipos de procedimientos bariátricos. Los más utilizados a nivel mundial son:
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Gastrectomía en manga (manga gástrica)
Se reseca gran parte del estómago, dejando un “tubo” o manga más pequeño. Esto reduce la cantidad de alimentos que la persona puede ingerir y produce cambios hormonales beneficiosos que disminuyen el apetito y mejoran la sensibilidad a la insulina. -
Bypass gástrico en Y de Roux
Se crea un pequeño reservorio gástrico que se conecta directamente a un segmento del intestino delgado, evitando parte del estómago y del intestino. Este procedimiento combina restricción y cierta malabsorción, y ha mostrado resultados muy consistentes en pérdida de peso y control de comorbilidades metabólicas. -
Otros procedimientos metabólicos
Existen variantes como el mini-bypass gástrico o técnicas más complejas que se reservan para casos seleccionados, como la obesidad extrema o cirugías de revisión. La elección del procedimiento depende del perfil clínico del paciente, las enfermedades asociadas y la experiencia del equipo de cirugía bariátrica.
Evaluación integral antes de una cirugía bariátrica
La cirugía bariátrica como opción para pacientes con obesidad severa exige una valoración integral, ya que no se trata solo de “reducir estómago”. Las guías recomiendan que el paciente pase por un proceso estructurado que incluya:
- Evaluación médica completa, con especial énfasis en enfermedades cardiometabólicas, respiratorias y endocrinológicas.
- Valoración nutricional para detectar deficiencias previas y educar sobre los cambios alimentarios que seguirán a la intervención.
- Apoyo psicológico o psiquiátrico, evaluando expectativas, hábitos de alimentación, trastornos de la conducta alimentaria y la presencia de ansiedad o depresión.
- Revisión de tratamientos previos para la obesidad y grado de adherencia a las recomendaciones.
- Información clara y detallada sobre los riesgos, beneficios, posibles complicaciones y necesidad de seguimiento de por vida.
Este enfoque multidisciplinario ayuda a seleccionar de forma adecuada a las personas candidatas y a mejorar los resultados a largo plazo.
Riesgos, cuidados postoperatorios y cambios en el estilo de vida
Aunque los procedimientos bariátricos son cada vez más seguros, siguen siendo cirugías mayores y, como cualquier intervención, implican riesgos de sangrado, infecciones, fugas en las suturas o problemas tromboembólicos. El riesgo de mortalidad es bajo en centros especializados, pero debe ser explicado y valorado individualmente.
Tras la cirugía, el paciente debe seguir un plan alimentario progresivo (líquidos, papillas, posteriormente sólidos bien tolerados), siempre bajo la supervisión de un nutriólogo o dietista especializado. A mediano y largo plazo, se requiere:
- Mantener una alimentación equilibrada, rica en proteínas de buena calidad.
- Tomar suplementos vitamínicos y minerales según el tipo de procedimiento para evitar deficiencias.
- Incorporar actividad física regular adaptada a las capacidades y condiciones de salud.
- Acudir a consultas periódicas para evaluar peso, laboratorio y salud general.
Sin estos cambios en el estilo de vida, el beneficio de la cirugía bariátrica puede disminuir con el tiempo y aumentar el riesgo de complicaciones nutricionales.
Cirugía bariátrica frente a otros tratamientos para la obesidad severa
En los últimos años han surgido medicamentos muy eficaces para la obesidad, como los análogos de GLP-1, que ofrecen una pérdida de peso significativa. Sin embargo, datos de la práctica real muestran que, a largo plazo, la pérdida de peso obtenida con cirugía bariátrica suele ser mayor y más sostenida que la lograda con estos fármacos, y que muchos pacientes abandonan el tratamiento farmacológico antes del año.
Esto no significa que el tratamiento farmacológico y la cirugía sean excluyentes. Para algunos pacientes, los medicamentos pueden ser una etapa previa o complementaria a la intervención quirúrgica; en otros casos, pueden ser suficientes. La decisión debe tomarse en conjunto con el equipo médico, considerando riesgos, beneficios, preferencias del paciente y disponibilidad de recursos.
Para las personas con obesidad severa y comorbilidades importantes, la cirugía bariátrica se ha consolidado como una de las estrategias más efectivas para lograr una reducción sustancial de peso, mejorar el control de enfermedades metabólicas y disminuir el riesgo cardiovascular a largo plazo. Cuando se combina con cambios sostenidos en el estilo de vida y un seguimiento multidisciplinario, este tipo de tratamiento puede transformar de manera profunda la trayectoria de salud de quienes viven con obesidad severa, ofreciendo una oportunidad real de recuperar funcionalidad, bienestar y calidad de vida.
Obesidad y Enfermedad Renal Crónica