La radiocirugía es una de las técnicas más precisas y seguras dentro de la medicina moderna, especialmente en el tratamiento de tumores cerebrales, malformaciones arteriovenosas y otras lesiones profundas del cuerpo. A diferencia de la cirugía tradicional, este procedimiento no requiere incisiones ni anestesia general, lo que reduce significativamente el riesgo de complicaciones. Sin embargo, como todo tratamiento médico, la radiocirugía puede generar ciertos efectos secundarios o reacciones temporales, que varían según el tipo de lesión, la zona tratada y la respuesta del paciente.
Radiocirugía: una alternativa no invasiva y de alta precisión
La radiocirugía estereotáctica utiliza haces de radiación concentrados para destruir células anormales con una precisión milimétrica. Su objetivo es dañar el ADN de las células patológicas para detener su crecimiento o eliminarlas progresivamente, sin afectar los tejidos sanos cercanos.
Entre las principales tecnologías utilizadas destacan el Gamma Knife, el CyberKnife y los aceleradores lineales (LINAC), que permiten dirigir la radiación desde múltiples ángulos hacia la lesión. Gracias a su exactitud, la radiocirugía se ha convertido en una alternativa eficaz y segura frente a la cirugía convencional, especialmente en casos donde operar sería riesgoso o inalcanzable.
Efectos secundarios leves y temporales de la radiocirugía
Aunque la radiocirugía se considera un tratamiento mínimamente invasivo, algunos pacientes pueden experimentar efectos secundarios leves después del procedimiento. Estos suelen ser temporales y controlables con medicamentos o reposo. Entre los más comunes se encuentran:
- Fatiga o cansancio general: Es uno de los síntomas más frecuentes. Suele aparecer horas o días después de la sesión y desaparece en pocos días.
- Dolor de cabeza o presión local: Puede presentarse por una leve inflamación cerebral o tensión muscular. Normalmente se alivia con analgésicos comunes.
- Náuseas o mareos: Algunos pacientes reportan malestar gastrointestinal o vértigo leve tras la radiación, especialmente cuando se trata de lesiones en el sistema nervioso central.
- Inflamación o enrojecimiento del cuero cabelludo: En procedimientos cerebrales, puede aparecer una ligera irritación en el área donde se aplicó el marco estereotáctico o la máscara de inmovilización.
- Pérdida temporal de cabello en áreas localizadas: Si la dosis de radiación fue concentrada en una zona específica del cuero cabelludo, puede producirse una caída limitada del cabello, que generalmente vuelve a crecer con el tiempo.
Riesgos moderados o menos frecuentes
En una minoría de casos, la radiocirugía puede causar efectos secundarios de mayor intensidad, especialmente cuando se trata de lesiones grandes o cercanas a estructuras críticas. Estos efectos son raros, pero deben ser monitoreados por el equipo médico.
- Edema cerebral o inflamación localizada: Ocurre cuando los tejidos alrededor del área tratada se inflaman debido a la respuesta del cuerpo ante la radiación. Se controla con medicamentos antiinflamatorios, como corticosteroides.
- Reacción tardía del tejido: En algunos pacientes, los efectos pueden manifestarse semanas o meses después del tratamiento. Esto incluye rigidez, hormigueo o debilidad muscular, dependiendo de la zona irradiada.
- Necrosis por radiación: Es una reacción poco frecuente en la que el tejido tratado se endurece o muere como resultado de la radiación acumulada. Los avances tecnológicos han reducido notablemente este riesgo, y en la mayoría de los casos puede manejarse médicamente sin requerir cirugía.
- Alteraciones visuales o auditivas: Si la radiocirugía se aplica cerca del nervio óptico o auditivo, pueden presentarse alteraciones leves en la vista o la audición. La planificación precisa del tratamiento minimiza estas posibilidades.
Radiocirugía corporal: posibles efectos en otras áreas
Además del cerebro, la radiocirugía extracraneal (SBRT o SABR) se utiliza en otras partes del cuerpo, como pulmones, hígado, columna o próstata. En estos casos, los efectos secundarios dependen de la localización del tratamiento:
- Radiocirugía pulmonar: puede causar tos, dificultad respiratoria leve o irritación esofágica.
- Radiocirugía hepática: ocasionalmente genera fatiga o dolor abdominal temporal.
- Radiocirugía espinal: podría causar rigidez o malestar muscular en la espalda.
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Radiocirugía prostática: en algunos casos, puede presentarse irritación urinaria o intestinal, que suele desaparecer a las pocas semanas.
Gracias a la precisión tecnológica y la experiencia del personal médico, estos efectos se mantienen controlados y raramente representan una complicación grave.
Cómo se minimizan los riesgos durante la radiocirugía
El éxito y la seguridad de la radiocirugía dependen de una planificación minuciosa. Antes del procedimiento, el paciente se somete a estudios de imagen de alta resolución, como resonancia magnética y tomografía computarizada, que permiten identificar con exactitud la forma y ubicación de la lesión.
El equipo médico, compuesto por neurocirujanos, radio-oncólogos, físicos médicos y radiólogos, trabaja en conjunto para diseñar un plan personalizado que determine la dosis exacta de radiación y el número de haces necesarios. Esta planificación tridimensional reduce el riesgo de irradiar áreas sanas y garantiza que el tratamiento sea lo más preciso posible.
Seguimiento posterior al tratamiento
Después de una sesión de radiocirugía, el paciente puede regresar a casa el mismo día y reanudar sus actividades habituales al cabo de uno o dos días. Sin embargo, es fundamental realizar un seguimiento médico periódico para evaluar la respuesta del tratamiento y detectar cualquier efecto adverso.
Durante las consultas de control, se realizan estudios de imagen (como resonancias o tomografías) para verificar la reducción o desaparición de la lesión. El equipo médico ajusta la medicación y brinda recomendaciones para aliviar posibles molestias.
Radiocirugía: un tratamiento seguro con grandes beneficios
A pesar de los posibles efectos secundarios, la radiocirugía sigue siendo uno de los tratamientos más seguros, efectivos y menos invasivos disponibles en la actualidad. La mayoría de los pacientes experimentan una recuperación rápida, sin necesidad de hospitalización ni largos periodos de reposo. Su precisión milimétrica y baja incidencia de complicaciones la convierten en una herramienta clave para el manejo de tumores y otras patologías complejas.
Con un monitoreo adecuado y la experiencia de un equipo multidisciplinario, los beneficios de la radiocirugía superan ampliamente los riesgos, ofreciendo una alternativa moderna y confiable para tratar enfermedades sin bisturí, con excelentes resultados clínicos y una notable mejora en la calidad de vida de los pacientes.


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